NIÑOS

PLAYEAR CON LOS #BUENOSHIJOS

01 Agosto 2016

Laura Baena, la fundadora del Club Malas Madres (para mamás muy IRL…) llega a nuestro Blog Kiss para compartir con nosotros sus vicisitudes como madre.

No te pierdas su columna con la que no pararás de reír leyendo las anécdotas de una madre en apuros que, como buena digital woman, intenta (no siempre con éxito) compaginar sus distintas facetas como mujer:

Estoy de resaca y no, anoche no bebí ni salí, ni nada de nada. Pero un fin de semana en Madrid inventando planes para entretener a La Niña Intensa y a la Primogénita agotan hasta a la Madre Alfa que saqué a relucir el pasado fin de semana. Piscineo, planes con niños, parques chulos donde correr y saltar, comidas al aire libre… Todo por evitar el hit del verano: “mamá, me aburro” o los gorgoritos de la buenahija2. No sé a vosotras, pero a mí esos grititos agudos encadenados me crispan los nervios de una manera que nunca hubiera imaginado. Me entran ganas de coger un cohete y huir.

Así que en este resacón en el que me encuentro sumida, respiro profundo y cierro los ojos, intentando meditar como hacen las personas relajadas y en equilibrio. Me cuesta más de lo esperado, pero visualizo a lo lejos el mar, siento incluso la paz en mi maltrecho cuerpo y hasta escucho las olas romper en la orilla. La mente tiende a imaginar situaciones perfectas, ¿no os pasa? Ahora mismo estoy deseando que llegue el sábado y bajar a #tierrasanta para vivir mis vacaciones “perfectas”, con mi familia “perfecta” y disfrutar de la armonía “perfecta” y el descanso merecido. Pero espera, piénsalo bien.

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¿Cómo es realmente un día de playeo?

Abrimos la playa. Porque tú me dirás. Los días con dos buenashijas son muy largos. Y a las 10 de la mañana ya llevas 2 o 3 horas despierta si la noche se ha dado bien. Así que la playa la abres tú, con ojeras de serie, sombrilla en mano, con las dos niñas embadurnadas de crema hasta las cejas, una mochila hasta arriba de provisiones y otra bolsa -la gigantobolsa– hasta los topes de cubos, palas, pistolas de agua… y todo el arsenal de guerra necesario para la lucha.

Estar morena ya no se lleva. Eso dicen los hipsters, pero tú echas de menos ese colorcito que tenías con 20 y que hacía que todo te sentará bien. Ahora no sé como me las apaño, pero no hay manera, te pones morena a cachos porque lo de tumbarte en la toalla es una utopía. Acabas rebozada de arena y con los hombros quemados eso sí.

Bikinis con braga de cuello vuelto. El año pasado experimenté en mis carnes el momento: “mamaaaaa, ven” seguido de la buenahija1 tirándome de la cuerdecita de la braguita del bikini. Zas! Y todos mis encantos a relucir. Este año no me pillan en un descuido. Bikini apto para la batalla.

Energía non stop. La energía ni se crea ni se destruye, se multiplica por mil. No sé cómo lo hacen. Quiero su fórmula mágica. Pero después de un día entero en la playa, las buenashijas no se cansan nunca, nunca. Ellas echan su siestecita en la playa, por supuesto no a la vez, recargan pilas y vuelven a casa hiperactivas, mientras tú quieres cortarte las venas o dejarte morir en una esquina.

Excusas para no ir. Lo importante si te vienen tres semanas de playeo es tener ya preparada la lista de excusas y aliados. Tengo excusa infalible: la buenahija2 tiene la piel atópica y blanca nuclear, así que yo tengo que quedarme con ella en casita. Si total morena no me voy a poner. Y aliado experto: el buenpadre y sus castillos de arena me convierten en el rival más débil (y aburrido) en la playa, así que yo asumo mi desdicha y aprovecho para practicar el escapismo al chiringuito: “Chicos, voy a por agua…” y nunca más se supo de mi persona.

Y tú, ¿cómo sobrevives al momento playa? Porque pese a todo nos va la marcha y estoy deseando pisar tierrasanta.

¡Feliz verano, malasmadres!